Bienvenidos

Electra. Una de las grandes sufridoras de las historia. Una mujer peligrosa, porque no le queda nada que perder. Una mujer sedienta de sangre y de venganza. Una mujer con un inevitable complejo.

Me he liado con Electra; en el sentido de puro enredo creativo.


Me he obsesionado con ella, como en su día me obsesioné con la Goneril del Rey Lear, o con Medea. Pero esta vez he decidido abrir las puertas del taller… estudiar, aprender en público, con otros, mi invisible coro griego.

Aquí os invito a uniros a mi búsqueda. Bienvenidos.

Emilio Williams




10.9.10

Día 23: Acontecimientos patético

Tras su conmovedor canto a las supuestas cenizas de Orestes, el coro consuela a Electra. Al ser nombrada, Orestes descubre la identidad de la mujer en duelo. Se produce, en este instante, una escena de reconocimiento, que tanto parecía gustar al público de esta época. Todos sabemos lo que está ocurriendo, pero Electra va por detrás, una vez más, del público y de los personajes en escena. (Muchos críticos señalan el patetismo de Electra, tan atrapada en su sed y obsesión vengadora que no se entera de nada de lo que ocurre alrededor de ella)


Cuando finalmente Electra descubre que Orestes vive, y que está frente a ella, estalla el gozo sinfónico. Es el clímax previo a la venganza final.
En la conversación entre los hermanos acumulamos más detalles reveladores sobre la situación de opresión en la que vive Electra. Electra, no solo es tratada por Egisto y Climtenestra como una esclava, una sirviente, . Los monarcas han impedido que Electra se case. (Para evitar que tenga hijos varones que pudieran llevar a cabo la venganza pendiente por el crimen de Agamenón).

La gran polémica literaria, el debate que esta obra genera, es si verdaderamente al final Sófocles da la razón completa a Orestes y Electra, o si en realidad, Electra es una heroína trágica, una mujer patética, turbada y cuyo castigo, por querer matar a su propia madre es ser ella misma.

Sobre el tema de la venganza, el meollo de esta obra, hablaremos mucho a partir de ahora. Pero también tendremos que hablar si Sófocles intentaba presentar o no un "final feliz". Aquí no hay Furias acosando a Orestes al final, como ocurría en la versión de Esquilo, ni existe duda explicita por parte de Orestes, ni de Electra como ocurre en la versión de Eurípides.

Pero antes, tendremos que pasar por el desenlace final. El viejo pedagogo interrumpe la gran escena de re-encuentro entre los hermanos y apresura a Orestes para que entre al palacio y finalice su labor: matar a su madre, Clitemnestra,aprovechando la ausencia de Egisto, el rey usurpador.

Llegamos por fin al gore, a la catarsis, al acontecimiento patético (el “pathos” de Aristóteles). Las muertes en la tradición trágica griega ocurrían fuera de escena, y luego los cadáveres eran mostrados con gran efecto escénico al abrir la puerta del interior donde habían encontrado su muerte.

Continuará…

Orestes se reecuentra con su hermana mayor,
Electra en una estatua de romana del siglo I.

9.9.10

Día 23: Electra ser marca un monólogo.

Electra cree que su hermano Orestes ha muerto. Orestes disfrazado de mensajero entrega a Electra una urna con sus supuestas cenizas. Electra, destrozada, hace un canto desgarrador a los restos de su hermano.

Esta es mi versión libre del monólogo. (He dejado los gritos de dolor originales, intraducibles)

ELECTRA
Orestes, amado, Orestes,
Esto es todo lo que de ti queda.
Te envié lejos de aquí, llena de esperanza.
Pero tu regreso me vacía de ella.

No eres nada,
Y te mezo en mis brazos,
Aunque el día que marchaste
Eras la mismísima luz del sol.

Debería haber muerto antes de salvarte.
Salvándote te mandé a una tierra extraña.
Al menos aquí hubieras muerto junto a tu padre.
Hubieras descansado junto a él en su tumba.

Pero has terminado por morir en el exilio,
Lejos de tu hogar, de tu hermana.
¡Qué muerte tan triste!

Y yo, no pude estar ahí,
Preparando tu hermoso cadáver
con manos amorosas.
No puede recoger
Tus bellos huesos de la hoguera.
Manos extrañas
Han preparado tu cuerpo,
Y ahora vienes a mí
Como un puñado de polvo,
En esta urna.

OIMOI TALAINA

Te crié de niño,
Nunca fue un esfuerzo,
Nunca fuiste el hijo de tu madre.
Eras mío.
Nadie más en esa casa
Se ocupó de ti como yo.
Me llamabas hermana,
Hermana me decías.

Y ahora, en un día,
Con tu muerte,
Todo se ha esfumado.
El viento ha soplado,
Y como en una tormenta,
Se lo ha llevado todo:
Tu padre ha muerto,
Yo he muerto,
Tú has muerto…

Nuestros enemigos sonríen.
Tu madre, que no es madre,
No puede contener su gozo.
Sus crímenes, lo sé,
Hubieran terminado contigo.

Pero el destino es cruel,
El tuyo y el mío.
No me trae tu rostro.
No.
Me trae unas cenizas frías y una sombra inútil.

OIMOI MOI

PHEU PHEU

Me has destrozado, mi amado,
Mi querido hermano.
Sí, me has destrozado.

Llévame contigo.
Ya no soy nada,
Déjame al menos ser nada junto a ti.
Vivimos como uno en la tierra
Seamos uno en tu tumba.

Los muertos al menos
No sufren la perdida de una vida.

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Electra sujeta la urna con las falsas cenizas de su hermano, Orestes. Estatua en Copenhague de Hermann Wilhelm Bissen (1798-1868) realizada en el año 1858.

7.9.10

Día 22: Un brindis para los muertos

Por petición de Blanche, llevo varios días leyendo sobre las ofrendas a los muertos, que tanta importancia tienen en el mundo griego clásico, en sus tragedias griegas, y en especial en la Electra de Sófocles.
Lo primero que hay que decir de la religión griega, algo tal vez que no se nos explicó demasiado bien en los colegios de tradición judío-cristiana, es que la vida religiosa de los griegos clásicos era muy distinta a la nuestra, no ya por el evidente politeísmo y por el antropomorfismo de sus dioses, eso nos lo explicaron bien, pero sobre todo por la falta de dogmas fijos y de texto sagrado unificado. Todas las historias que componen la mitología griega son flexibles, son historias que cambian, fluyen, y se reinventan.

El concepto de la vida después de la muerte, por tanto, también fluctúa y evoluciona.

Como con cualquier otro intento de entender esta cultura, nos encontramos ante un número limitado de fuentes, y muchas veces con textos prescriptivos (cómo deben ser, idealmente, las cosas) y no descriptivos (como son en realidad las cosas). Así que es difícil entender y explicar en breve las creencias mortuorias de los griegos clásicos.

(Una dificultad añadida en entender la vida religiosa del tiempo era la existencia, muy extendida, de ritos ocultos y secretos sin fuentes de tradición escrita, ni pública.)

Pero sí sabemos algo...

Mitológicamente, el reino de la vida después de la muerte se llama Hades, como el dios que lo preside. Hades era hermano de Zeus (el cielo) y de Poseidón (el mar). Este inframundo contaba con lagos, ríos, y una geografía propia. Odiseo (Ulises), lo visita durante la Odisea y regresa de él con éxito.

Para llegar al inframundo, el muerto ha de ser debidamente enterrado. (Este tema importantísimo en los mitos de Héctor, por ejemplo, al que Aquiles negó en un principio el derecho a ser enterrado, o en el de Antígona, que lucha contra el tirano Creonte por su derecho a enterrar a su hermano). Aquellos muertos que no recibían sepultura estaban condenados a vagar como espíritus sin descanso.

En la tradición griega, el muerto, una vez enterrado, podía acceder al mundo de las sombras. El concepto que empezó siempre por ser negativo, evolucionó para incluir un lugar, los Campos Elíseos; unos jardines donde vagaban las sombras de los guerreros y los hombres virtuosos. Para poder acceder y permanecer en los Campos Elíseos, el muerto necesita ser recordado por sus vivos a través de la libación, o la ofrenda de líquidos.

La labor de recordar a los muertos solía recaer en los miembros femeninos de la familia. Las libaciones podían ser de vino, aceite, o leche, u otro tipo de líquidos, con preferencia por los nutritivos. En el mito de Electra, ya en "Las coéforas" de Esquilo, encontramos el uso de un mechón de pelo como ofrenda mortuoria de Orestes a su padre Agamenón, elemento que usó también Sófocles, y que Eurípides parodió, en la escena de reconocimiento entre Electra y su hermano Orestes.

Como con cualquier otro pie de página, me podría pasar semanas con este tema, leyendo todas las fuentes originales y las interpretaciones, pero no podemos. Sería continuar escapándome por los cerros de Úbeda.

Tenemos que volver a Sófocles, sobre todo ahora que Orestes está a punto de entrar en escena. Electra no le reconoce, sumida en su pesar y agonía al creer que su hermano ha muerto. Es uno de los grandísimos momentos de esta obra.

4.9.10

Día 22: Electra desesperada

Clitemnestra invita a entrar en la palacio al mensajero que ha traído las noticias de la presunta muerte de Orestes. Electra se queda, desesperada, lamentando junto al coro de mujeres la pérdida de su hermano, su última esperanza de venganza y “justicia”. Electra sabe sufrir como pocos personajes en la historia de la literatura.

Crisótemis regresa de la tumba de Agamenón, y trae sorprendentes noticias. Alguien ha llenado la tumba con una ofrenda de leche, flores y un mechón reciente de pelo. Crisótemis rebosa de gozo, quién más que Orestes ha podido rendir ese homenaje a la tumba de su padre. Electra no se alegra de la noticia. Cree que alguien ha dejado una ofrenda a Orestes. Electra comunica a su hermana la mala noticia que ha traído el mensajero.

Electra ha tomado una determinación cumplir ella misma, con Crisótemis la venganza contra los asesinos de su padre. El coro pide mesura: “En asuntos como este es mejor ser comedidos. Ambas debéis ser comedidas.”

Crisótemis recuerda a Electra que es una mujer, y no un hombre. Electra recuerda a Crisótemis que los asesinos de Agamenón nunca permitirán que se casen y tengan hijos, por miedo a ellos cumplan la venganza.

La pelea, en esta escena, entre el pragmatismo apolíneo de Crisótemis y el deseo de venganza dionisíaco de Electra se traduce en una de las mejores confrontaciones de la historia del teatro. (Para mi mejor incluso mejor que la más celebre, pero similar pelea entre Antígona y su hermana Ismene en la Antígona de Sófocles.)

Crisótemis abandona la escena. El coro canta al sufrimiento de Electra (“Electra llora a solas por su pobre padre, como un pájaro llora la muerte de sus crías”) y a la incertidumbre de su futuro ( “Espera a su gloria hasta que el agua se convierta en piedra”)

Al fin de este canto, entra… Orestes en persona. Pero antes de llegar a la escena más famosa de la obra tendremos que hablar, por petición de Blanche, sobre los ritos funerarios de la antigua Grecia.

Previamente en “Electra” de Sófocles…

Electra llora desconsolada la muerte de su padre Agamenón, a manos de su esposa Clitemnestra y su primo Egisto. Electra clama venganza y espera el regreso triunfador de su hermano Orestes para asesinar a su madre y a su amante. La hermana de Electra y Orestes, Crisótemis hace una llamado a la calma y al pragmatismo, pero Electra se niega a entrar en razón. Mientras Electra se enfrenta con reproches a su madre, Clitemnestra, un mensajero entra a escena y narra la trágica muerte de Orestes en un accidente.

2.9.10

Día 21: Retomando el hilo perdido

Ya lo decía la gran Elizabeth Bishop: “El arte de perder no es difícil de dominar....” (Ver su poema “One art”)


Por culpa de los viajes y las vacaciones yo he perdido muchas cosas en las últimas dos semanas: el contacto, la cabeza, mi subarriendo en Manhattan, la cuenta y las cuentas, la paciencia, mi ejemplar de “Electra”, la disciplina y la rutina de escribir a diario en el blog.

Pero para perder algo hace falta haberlo ganado antes. Y también he ganado muchas cosas: un viaje a Seúl, la extraña capital de la extraña Corea de Sur, su gente divertida de pelos raros, la comida maravillosa y unas horas de trabajo bien remuneradas, que de algo hay que comer, y con el teatro alternativo no nos llega, señores.

Y también muchas ganancias al regreso a Estados Unidos: la visita de Santi, un amigo del alma con una flexibilidad y buen rollo que le han convertido en uno de los imprescindibles, un viaje, los tres, a Nantucket, la paradisíaca isla de de Moby Dick, donde he podido retomar el hilo de la memoria con Elisabeth y de regreso, puente en Filadelfia, donde hemos declarado una tregua (temporal) a nuestra trashumancia existencial.

El lunes Frank regresa a España, y en pocos días empezaré yo también el gran retorno a la madre patria: a la clase política de ladrones y a sus secuaces, a las mentiras partidistas de los medios, a la telebasura con aire de importancia, al teatro casposo de malas traducciones y de autores muertos, a las chapuzas, pero también a los pequeños grandes triunfos de los que no se rinden, a mis actores, musas y genios, a mis amigos, los incondicionales y los que van en vías de serlo, a los indies del teatro alternativo inasequibles al desaliento, a mi familia, a los de siempre, a los que sobran y a los que faltan, a mi Madrid de la Latina y Lavapiés, a las copas tarde, a las copas temprano y a los paseos largos y sin prisa. A todo eso y más.

Es la vuelta al cole, chicos.

La hora de trenzar, enroscar y hacer figurillas con los alambres sueltos del verano. La hora de empezar cuadernos nuevos, con ilusión y buena letra.

Algunos de mis compis ya han llegado a Madrid, se han puesto al día de este blog y me animan a que siga.

Amador, continúa al pie del cañón, gracias, y Blanche Du Noir me manda deberes, me pide que hable de la venganza y también de los ritos funerarios griegos. (Ambos temas que están ahí en el tintero y que prometo comentar en breve)

Con amigos así es imposible no anhelar la vuelta al cole.

See you soon.

16.8.10

Día 20: Desvío con visita al oráculo

El mundo de los griegos, y aprender sobre ellos, no tiene límite. Hoy he descubierto que Cleopatra murió a mi edad. (Me tengo que poner las pilas. Voy con retraso.)

Cleopatra era étnicamente Griega. La primera de su dinastía en aprender egipcio. Vamos, que no era tan, tan exótica como nos la pintaban en Hollywood. Era un intelectual y amante de los clásicos griegos.

Pero esa es otra historia.

Voy camino de Seúl. Un viaje que he tenido que adelantar. No niego que me apetece mucho tener un viaje largo en avión, Electra bajo el brazo, de mi brazo, sin interrupciones, más de catorce horas.

La discontinuidad de este blog es prueba fehaciente de mi dificultad de concentración en los últimos días: terminar todo el trabajo que tenía pendiente, corre-corre, y visitar a mi Oráculo de Delfos particular.

Vive en Charlottesville, Virginia, y es un Dios de dos cabezas. Una representa a Zeus (Javier Herrero), la parte racional, el maestro, una figura “agamenónica”, paternal y sabia. La otra cabeza es la Hera, esposa y hermana de Zeus (Mercedes Zulueta) cargando un cariñoso cuerno de la abundancia. Con ellos estoy como la película de Julia Roberts: Eat (Merche), Pray (al intelectualismo de Javier), Love (Frank que me acompaña y le saca partido a todo)

Frank y yo nos hemos dado no solo un atracón de comer, sino también de leer, lo más rápido posible, libros de la biblioteca de Javier, un gran hispanista que empezó como profesor de clásicas, y que nos explicó durante la cena a los presocráticos con la misma naturalidad mundana que uno cuenta una visita al supermercado.

Son buenas excusas para retrasarme en mi blog. Le cuento a Frank mi agobio, y tan magnánimo como siempre me abraza y me dice: “No te agobies, estás viviendo y aprendiendo para luego escupir tu Electra.” (Que no “escupir a tu Electra”; se refiere al proceso de gestar una Electra y parirla, no el de echarla un escupitinajo a ella.)

¡Qué mejor mitología la de los amigos de siempre! Viva a mi Oráculo tripartito… eat, pray, love.

11.8.10

Día 19: La imposibilidad de ser fiel (al autor)

Todo intento de re-presentar (volver a presentar) cualquier tragedia clásica griega tiene que partir de la base que ha de ser una traición.

Es imposible re-crear (volver a crear) lo que estas obras debieron ser.

Para empezar están escritas en verso, en un idioma muerto cuya fonética ha sido re-construida por filólogos. (Es decir, que no podemos captar y saber a ciencia cierta su musicalidad, ni sabiendo perfectamente griego antiguo)

Ni una traducción literal palabra, por palabra, ni una traducción lirica de un poeta, puede ser óptima si buscamos la fidelidad.
Además, las tragedias eran musicales. Y las partes del coro eran cantadas y bailadas, con una música y unos movimientos que desconocemos.

Todos los papeles (de hombre y de mujer) eran representados por tan solo tres actores (hombres todos) cuyos rostros estaban cubiertos con máscaras de terracota. Cada actor hacia más de un papel en cada obra, cuando fuera necesario.

Cada pieza era presentada por el poeta/autor en el festival de Dionisio con dos tragedias más, y una sátira final. El festival duraba tres días y cada día desde primera hora de la mañana estaba dedicado al programa de uno de los tres autores, que presentaban sus cuatro obras en competición. (Es decir, que el teatro de las tragedias no era solo al aire libre, sino que además diurno, y en un contexto religioso en el que los expertos no se ponen de acuerdo.)

Solo nos ha llegado una trilogía completa (la Orestiada de Esquilo). Aunque Sófocles rompió con la tradición de que las tres tragedias estuvieran conectadas, lo cierto es que las tres tragedias y la sátira final pudieran tener un hilo temático importante. Por ejemplo, Electra fue representada dentro de un programa que incluía otras tres obras. Sin conocer las otras obras, por muy desconectaras que estuvieran, estamos perdiendo, me parece un contexto importante sobre lo que el autor estaba intentando comunicar.

Es por todo esto, que las versiones libres, pero bien educadas de estas obras son la mejor opción para la representación contemporánea. Hay que entender bien la obra, los temas, los mitos y luego permitirnos la absoluta libertad de poder formar una noche de teatro que sea relevante y conmovedora para nuestro público del siglo XXI.

Sería un despropósito intentar ser fundamentalista, fiel a unos textos tan lejanos lingüísticamente, y donde la intención del autor nos llega plagada de incógnitas.

Todo lo que hagamos con estos textos será una traición; así que al menos, traicionemos con total desvergüenza.

9.8.10

Día 18: "Mejor en camisa de once varas que con camisa de fuerza"

Recibo el siguiente correo de Cliff, mi padre, en respuesta a mi entrada del blog sobre Friedrich Nietzsche, bajo el encabezado de "Mejor en camisa de once varas que con camisa de fuerza"

“A Nietzsche solo le estudié por encima en Mason (George Mason University), ni me acuerdo que asignatura era, tal vez historia y teoría del teatro, pero esos filósofos que yo llamo "absolutistas" (o es como dicen ellos, o no existe), no me entran... y creo que será por algo que, sino la mayoría, al menos sí gran número de ellos acaban locos o suicidas.  En fin, sus pensamientos son algo para tomar en cuenta, pero no para regir la vida de uno.  


Me quedo con Aristóteles, Santo Tomas de Aquino, Juan Ramón Jiménez...

Que tengas buen día y no te comas el coco, está bien que sepas lo que han dicho, pero piensa por ti mismo... lo haces muy bien.

Un beso,


Papá

Qué alegría recibir un poco de cordura y apoyo, como siempre, de mi padre. Cliff ha sido una de las figuras más importantes en mi vida. En mi casa su despacho, su biblioteca, era un lugar sagrado, pero lleno de  vida. Los libros de mi padre no eran de adorno, eran para ser leídos, algunos muchas veces, siempre disfrutados, porque casi nunca entraban malos libros a esa biblioteca.

A lo largo de mi niñez, siempre había dos enciclopedias a mano, una en inglés y otra en español. No exagero si digo que no había día que una de las dos no fuera consultada.

De mi padre he aprendido muchas cosas importantes. Una de ellas la necesidad existencial y el placer de ser autodidacta, de no esperar a que el descubrimiento te llegue a ti a través de otros, sino salir tú a su búsqueda de forma proactiva.

Siguiendo las metáforas de Nietzsche mi padre fue un ser muy apolinar, proporcional, racional toda mi niñez (“no-nonsense” como dicen en inglés). Aunque con su pasión por la opera italiana, me ponía sus discos todos los sábados por la mañana, ya mostrara síntomas de tener ciertas sensibilidades abiertas a las pasiones irracionales.

Hasta que el año 1997 la tragedia mostró su cara, hizo amago de entrar en nuestras vidas de bruces.  Mi padre sobrevivió un brutal atropello en la Avenida del Mediterráneo, en Madrid. Un accidente del que salió relativamente ileso. Los resultados fueron más existenciales que físicos. Su capacidad apolínea quedó bastante diezmada, a favor de una entrada triunfal de Dionisio en su alma.

Mi padre miró a la muerte cara a cara, y no le debió gustar lo que vio porque salió corriendo en dirección contraria. Desde aquel día mi padre retomó muchas asignaturas pendientes algunas en las calles, otras en las aulas: primero en Mary Washington University y luego en George Mason University, donde terminó por ser profesor. Consiguió su licenciatura y su postgrado en literatura española con matrícula de honor.


Es una gran historia de transformación que me inspira todos los días: si mi padre pudo reinventarse a los 65, ¿cómo no voy a poder yo enfrentarme a nuevos retos? Cliff, es para mí, uno de esos héroes que hacen a sus lectores sentirse indestructibles.

Y ahí sigue, interesándose por todo lo que ocurre a su lado, leyendo las noticias de este mundo con mofa y sorpresa, caminando todos los días sobre esa fina línea que separa lo apolíneo y lo dionisiaco. Esperemos que por muchos años más. Yo, no sabría qué hacer sin él.

8.8.10

Día 17: En camisa de once varas.

No aprendo. Siempre me pasa. Me meto en más de lo que puedo abarcar. Y adentrarme en medio de una búsqueda de Electra en el mundo inhóspito de Friedrich Nietzsche es “too much”. Aunque si ya estoy listo para contarlo en el blog, será porque de algo me está sirviendo. Bueno, seamos francos, me está sirviendo de mucho.
Y eso que es uno de esos nombres que da miedo. Sus libros son difíciles, polémicos, enigmáticos… le vuelven a uno tan loco como se volvió él en la vida real. Hasta sus famosos bigotes dan un poco de miedo en las fotos.



Pero he encontrado cierto consuelo en Nietzsche. Su primer libro se tituló “El nacimiento de la tragedia (griega)” Es un libro indispensable para los que estudian la tragedia antigua. En este libro postuló su influyente teoría de lo Apolíneo y lo Dionisiaco. Es una metáfora, un simbolismo psicológico y filosófico que ayuda mucho a la hora de analizar cualquier obra de arte y sobre todo el género de la tragedia.

Para Nietzsche lo Apolíneo se refiere al dios Apolo y representa una visión del mundo ordenada, con límites, con una belleza racionalista, proporcionada, de aparente practicidad.

Lo Dionisiaco, pertenece al dios Dionisio (Baco para los romanos), el dios en cuyo festival se representaron las grandes tragedias griegas que han sobrevivido. Este dios representa lo opuesto de Apolo, representa lo caótico, lo dinámico, y una imagen del ser humano como alguien que pertenece a un todo, más allá de la individualidad egoísta de lo Apolíneo.

En la tradición judeocristiana hemos crecido reprimiendo lo Dionisiaco, algo a lo que tener miedo, algo por lo que sentirse culpable… una pecaminosa y bárbara tendencia que debemos reprimir.

Para Nietzsche nadie representó con mayor certeza el equilibrio perfecto entre lo Apolíneo y lo Dionisiaco que Esquilo y Sófocles. Según Nietzsche con Eurípides y Sócrates llego la tiranía de la razón que puso en nuestra cultura el obsesivo culto a lo Apolíneo.

Nietzsche tiró por la borda muchas de las concepciones de nuestra civilización, siendo un iconoclasta, anunciando la muerte de Dios y criticando la Cristiandad y su hipocresía moral autocomplaciente, más que a Cristo en si, como figura histórica.

Es por todo ello que Nietzsche es radiactivo en nuestra tradición. Algunos lo llaman el Anticristo.

Me alegro haberme encontrado con él en este camino. Sus provocaciones intelectuales me ayudan en esta búsqueda de Electra. Me ayudan a entender que está bien no entender las tragedias en su totalidad. Que lo Dionisiaco es ininteligible porque no todo tiene sentido en la vida. Hay que abrazar lo Dionisiaco. La razón no puede con todo. No explica todo. No responde a todas las preguntas.

Para Nietzsche el sentido de la vida no se encuentra en la razón sino en las pasiones.

Y admiraba enormemente, y yo con él, el hecho de que los griegos no intentaban blanquear las tremendas, incompresibles realidades de la vida: lo trágico que está a la vuelta de la esquina y que nos deja, en cada una de sus apariciones, aturdidos, y a nuestras herramientas de racionalización obsoletas y oxidadas.

Como antídoto contra el conformismo, contra los que nos venden como práctico lo que no sirve para nada… aquí llega Nietzsche y su pasión dionisiaca al rescate.

5.8.10

Día 16: Una de caballos y sangre...

Con la llegada del viejo, por unos instantes, la tragedia Electra se convierte en una dramática película de aventuras. De las de "Primera Sesión". El público (el lector) sabe que el viejo miente. Orestes sigue vivo. Lo que viene ahora es parte de la trama de venganza de Orestes, que desconoce hasta la propia Electra.

A pesar de ser falsa, la historia que el viejo anuncia está tan llena de verdad, emoción y suceso: Orestes, tras triunfar en varias de las competiciones atléticas de Delfos, muere violentamente en un catastrófico accidente en la carrera de cuadrigas. La carrera y la muerte son narradas con todo detalle y agitación por el viejo, un gran cronista, un gran cuentista.

OI’GO TALAINA dice Electra. PHEU PHEU grita el coro de mujeres.

Clitemnestra recibe con una nota llena de desolación la muerte de su hijo, que es a la vez, su posible asesino y vengador. “Por mucho que sufra una mujer no puede odiar al hijo que ha parido.”, reconoce Clitemnestra. En este momento, su papel se llena de complejidad y humanidad. Al mismo tiempo embate, con palabras crueles, a una Electra destrozada por creer que ha muerto su última oportunidad de libertad.

El viejo anuncia la pronta llegada de las cenizas de Orestes en una urna.

Día 15: Ambientación temporal de las tragedias

Ahora lo sabemos. Los griegos clásicos (480-323 a.C.) sabían menos de su pasado que nosotros.

Su pasado se lo inventaron, o fue una mezcla de invención y tradición oral.

Las grandes tragedias griegas que nos han llegado no son obras contemporáneas para sus autores. Son obras historias ambientadas en la Era Heroica, una época en la que los humanos eran semidioses, hijos de humanos y dioses, una era de superhombres y supermujeres.

Esa era se sitúa entre la Edad de Bronce y el principio de la Edad de Hierro (1600-1100 a.C.). Para los clásicos, en esos tiempos los Dioses estaban mucho más involucrados en la vida diaria de los humanos.

Esta ambientación ofrecía a los atenienses la posibilidad de crear una distancia entre los acontecimientos y su público, además de la posibilidad de trabajar con hombres y mujeres que eran más grandes que la vida cotidiana de Atenas.

La época heroica se puede dividir en generaciones. Cito a algunos personajes conocidos de cada generación:

1. Antes de los Argonautas (Fénix, Europa, Perseo)

2. Generación de los Argonautas (Jasón, Medea, Hércules, Orfeo…)

3. La generación de Edipo (Edipo, Atreo)

4. La generación de los siete contra Tebas (Antígona)

5. La generación de Troya (Áyax, Aquiles, Agamenón, Odiseo)

6. La generación posterior a la guerra (Electra, Orestes, Telémaco)

Es por ello que no podemos siempre ver estas tragedias como representación de cómo los atenienses veían la vida, ya que sus personajes no eran de carne y hueso, sus mujeres no eran las mujeres de Atenas.

Tan importante era la separación entre el teatro y la realidad histórica inmediata que un autor, cuya obra no ha perdurado, Frínico (contemporáneo de Esquilo), fue multado a pagar 1.000 dracmas por recordar a los atenienses los traumáticos hechos de la derrota de un aliado ante los enemigos persas.

Este dato me ayuda a calmar la tentación de interpretar las tragedias por lo que sé de los griegos, o a interpretar a los griegos por lo que sé de sus tragedias.

4.8.10

Día 14: Gracias a Lord Leighton

Hoy tengo que hacer un inciso para rendir homenaje a uno de mis compañeros de camino, en esta búsqueda de Electra.  Es el pintor y escultor inglés Frederic Leighton (3 December 1830–25 January 1896). Lord Leighton ha sido una presencia continua en mis andanzas, aunque al principio no le pusiera cara. Sus obras son como esos actores secundarios que te suenan, que son de toda la vida, pero que nadie puede nombrar.

Es esta su cara.

Un famosísimo cuadro suyo es “Flaming June”.



Ayer descubrí a Lord Leighton mientras que buscaba en internet imágenes de Clitemnestra. De él di con una de Clitemnestra en Argos viendo los fuegos que anuncian el regreso de Agamenón.





Hay una gran dignidad, algo brutal, en esta figura.

Leighton, al que tildar de clasicista parece de tontos, es a pesar de su estilo victoriano y tradicional una referencia ineludible para todos los que estamos intentando aprender, imaginarnos a estas grandes figuras del periodo heroico.

De hecho, el cuadro de Electra ante la tumba de Agamenón que ilumina la cabecera de este blog es de él también.

Leighton murió sin hijos. Su biografía está llena de discreción y misterio. Al parecer en Londres tienen una casa museo con su obra. Londres, maldita Londres. Una ciudad a la que siempre prometo no volver pero que es tan ineludible como Leighton.


Tendré que programar un peregrinaje a la casa de Frederic.

2.8.10

Día 13: Clitemnestra vs. Electra

Entra a escena Clitemnestra. Una de las grande figuras femeninas de la tragedia griega, junto a su hija Electra, Medea y también Antígona. Son mujeres excepcionales, a pesar de haber nacido en el contexto de una sociedad donde las mujeres eran consideradas de una raza menor.

Clitemnestra es, no hay duda, una mujer llena de dignidad y fuerza, una mujer de armas tomar.

Es un lujo poder tener, no sólo versiones de Electra, sino también versiones de Clitemnestra de los tres grandes trágicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Tengo que estudiar mucho más sobre Clitemnestra. (Se poco, por ejemplo que en la Orestiada de Esquilo se la considera un personaje temible con características masculinas).

Con estas dos grandes divas en escena, el drama va en incremento. Clitemnestra y Electra entran en un choque de opiniones sobre el asesinato de Agamenón. Primero Clitemnestra echa en cara a Electra el estar montando un numerito en la calle, avergonzando a la familia una vez más, aprovechando la ausencia del patriarca Egisto.

Y es que, en lugar de presentar un juego obvio de buenos y malos, Sófocles convierte a Clitemnestra en una mujer con razones para haber cometido el crimen contra Agamenón. Le otorga argumentos sólidos. Esos argumentos ponen en duda la misma necesidad de venganza por parte de Electra, su justicia.

Clitemnestra recuerda a Electra el indigno crimen cometido por Agamenón cuando éste sacrifico a su hija Ifigenia camino de Troya. Clitemnestra pregunta, con mucha razón, que si Troya fue causado por la huida de Helena a Troya con París, por qué no fueron los propios hijos de Helena con Menelao los que sufrieron un sacrificio. (Menelao es el hermano de Agamenón que codirigía la expedición). Algo de razón tiene.

Al fin y al cabo, no solo había sacrificado a su hija, su marido también había tardado diez años en volver de Troya. (Troya estaba lejos pero no tanto.) Y cuando lo hizo, lo hizo con una concubina (Casandra) bajo el brazo. (Según algunas tradiciones Agamenón y Casandra llegaban a casa, encima, con dos niños gemelos)

Es inevitable ver la lógica de Clitemnestra. Pero la lógica, no siempre gana en tragedias celebradas durante festivales al dios Dionisio (Un dios que estimula a sus seguidores en estasis y bajo signos de locura ritual)

Electra, el personaje más dionisiaco de la obra, considera todo lo dicho por Clitemnestra una gran excusa. Electra acusa a su madre de matar a Agamenón por lujuria, por su deseo de substituir a padre por Egisto.
Clitemnestra, con desdén, da por terminada la discusión y continúa con su objetivo: hacer una ofrenda a Apolo, preocupada por sueños que ha estado teniendo, que parecen ser, según el coro, augurio de una posible venganza.

Todos los miembros de la Casa Atreo se encuentran sumidos en una sangrienta, interminable espiral de venganza, ojo por ojo. Tal vez por ello, importe poco quien tiene razón y quién no. Pero no deja de ser admirable, y enriquecedor que Sófocles haya dado a cada personaje su parte de razón, que a pesar de los siglos podamos entender a todos ellos, un poco. He ahí el enigma de los personajes trágicos griegos, no dejan de sorprendernos, de parecernos admirables y repugnantes a un tiempo, sobre todo a los que hemos crecido en una tradición maniquea y cristiana donde solo caben los buenos y los malos.

1.8.10

Día 12: Electra, la inconformista.

Recibo varias notas de aliento. Entre ellas la de Amador, al que tan buena idea, desde el primer día, le había parecido este blog. Me cuenta sobre su experiencia en Merida viendo la Orestiada de Mario Gas: “Recuerdo principalmente la voz de Constantino Romero, presentador de TV, pasado a actor, que con su voz contundente y oscura hacía respirar un ambiente aún más sobrecogedor. Recuerdo que me sentí como si fuera un griego viendo en su época la función.” (Gracias, por tu apoyo, una vez más Amador y que tengas unas buenas vacaciones)

Chema me manda noticias de la Lisistrata que con muy buena pinta se presenta este año en Mérida. Todo esto me trae sueños sobre ese lugar idílico, en el que todo el mundo se siente transportado.

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Ayer fue un día de mucha “Electra”, y ya se está empezando a conjugar en mi cabeza cómo contaría yo la historia de esta familia sumida en un ciclo de violencia sin fin...

Pero volvemos a Sófocles. Entra en escena Crisótemis, la hermana de Electra. Va camino de la tumba de su padre a llevar ofrendas por petición de la madre. Es una escena clásica, en el mejor sentido de la palabra. En ella vemos dos puntos de vista contrarrestados de forma clara. Y ese fuego cruzado, crece la tensión de la obra y los personajes se definen todavía mejor. Yin/Yan, gravedad y gracia, lo Apolonio y lo Dionisiaco, cara y cruz.

El genio de Sófocles es conseguir que a pesar de lo práctico y comedido de todo lo dicho por Crisótemis, que ruega a su hermana que silencie su llanto y protesta, Crisótemis nos parece una mujer subyugada, convencional y conformista. A su lado, Electra en su cabezonería, en su entrega sin fin al dolor y la necesidad de restregar las ampollas del pasado nos resulta heroica y rebelde. El coro, en el justo medio (“Hay beneficio para ambas si os escucháis”).

Ya lo había dicho antes Electra a las del coro: “En tiempos como este el autocontrol no tiene significado. Las leyes de reverencia no aplican.” Crisótemis representa ese autocontrol y respeto a las leyes, con una paradoja que todavía resuena entre cualquier ciudadano: “Si quiero ser una mujer libre, existen amos a los que tendré que obedecer”

Podría escribir páginas y más páginas solo sobre esta pequeña escena entre las dos hermanas.
Pero solo diré una cosa más. En esta escena veo una parte importante de la descripción de tragedia. La tragedia, no está solamente en lo que le ocurre a un personaje. Ambas hermanas tienen la misma biografía.
Lo dijo la clasicista Edith Hamilton: “ The suffering of a soul that can suffer greatly-- that and only that is tragedy.” (El sufrimiento de un alma que sabe sufrir grandiosamente- eso y solo es la tragedia)

Y pocos personajes en la historia del teatro han sabido sufrir como Electra.

En esta vasija: Imagen del siglo V a.C. Crisótemis presencia el asesinato de Oreste a Egisto.



31.7.10

Día 11: Electra, Hamlet y las camas de los padres.

Este blog me está ayudando mucho aunque seguramente no haya nadie ahí leyendo… escribir todos los días de forma metódica sobre lo que me produce el texto de Electra me obliga a hacer una lectura detallada, analítica, que tal vez no podría hacer para mí solo, en privado.
Entre otras cosas porque quedan por llegar los grandísimos momentos teatrales de la obra. Momentos como cuando el anciano pedagogo cuenta con todo detalle la supuesta muerte de Orestes en un accidente, o cuando Electra llora sobre la urna pensando que son las cenizas de su hermano muerto, su única esperanza de venganza, o cuando Orestes mata a su madre, y el escenario vemos a Electra fuera de la casa, como un animal salvaje en una jaula, pidiéndole al vengador que no tenga piedad… Todo eso y más, y esos momentos son tan teatralmente brutales que me dan ganas de saltar a ellos, o volver a leer Electra de un tirón este fin de semana. ¡Qué maravillosa obra!

Pero calma, estamos todavía en la primera conversación de Electa con el coro. Uno de sus grandes momentos Hamlet. Como Hamlet que reprochaba a su madre Gertrudis el compartir el lecho del difunto padre con su hermano, Electra está también obsesionada con el lecho de su madre. (Parece que ambos personajes trágicos están tan obsesionados con el asesinato de su padre, como están con el hecho de que sus madres compartan su lecho, trono, casa, riquezas con los asesinos: Claudio en Hamlet, y Egisto en Electra. Pero sobre todo el lecho. Volvemos a los “daddy issues”. Hamlet sufre el síndrome de Electra, no hay duda. Tal vez Freud debería haber nombrado el síndrome de Hamlet para aquellos hombres que sufrimos más como Electra, que como Edipo.

Este pasaje de Electra es puro Hamlet:

“ Veo el trono de mi padre con Egisto en él, a Egisto llevar las ropas de mi padre (…) el peor ultraje, ocupar el lecho de mi padre con mi madre en él, si le puedo llamar madre.”

Ambos personajes trágicos creen que la madre ya no es madre por compartir ese lecho. En Hamlet se llama incestuoso porque Gertrudis y Claudio eran cuñados. (En Electra Clitemnestra y Egisto solo primos)

Post-It: Estar atento a algo que recuerdo andaba en la sub-trama de Hamlet: el miedo a que Claudio fuera su padre. (¿Temerán Electra y Orestes que Egisto sea su padre secreto?)

30.7.10

Día 10: Hamlet y Electra

La trama familiar de Electra es casi idéntica a la de Hamlet. Bajo este prisma, Hamlet sería un personaje “composite” de Electra y Orestes. Tal vez, este análisis nos sirve más para entender Hamlet que para entender Electra.

Pero no deja de ser interesante para mí la trama fundamente que une a estas dos grandes familias trágicas.

Mientras que Hamlet es el gran símbolo de la duda, Electra es cada vez más para mí, el gran símbolo de la convicción. Hamlet es heroico en su humanidad, Electra en su inhumanidad, en su certeza.



28.7.10

Día 9: Una trama familiar

Aunque el público del siglo V a.C. conocía de sobra la trama de la familia Atreus, tanto por los poemas de Homero como por la Orestiada de Esquilo, Sófocles resume en sus dos primeras escenas de Electra la trama básica: el rey Agamenón es asesinado por su esposa, Clitemestra y su primo Egisto. Juntos toman el poder. El hijo del rey asesinado y de la reina asesina regresa a casa con su mejor amigo para vengar el crimen.


¿A qué me recuerda esta trama?


26.7.10

Día 9: Por qué me estremecen los primeros lamentos de Electra…



 
Volvemos a la segunda escena de Sófocles. Electra se lamenta ante el coro. El coro, como ocurre en Medea intenta calmarle, hacerle entrar en razón. Mientras que Medea sorprende en su humanidad, en su resolución, su demagogia, pero también su capacidad de dudar si matar a sus hijos, Electra me estremece por otra postura psicológicamente compleja y nada maniquea: por ser consciente de su extremismo pero reconocer lo inevitable de su reacción y su desmedida sed de venganza.

Electra al coro: “Mujeres, me avergüenzo. Sé que me encontráis extrema en mi duelo. Pero os lo digo: no tengo otra opción”.

Electra escucha las razones del coro, las admite y aun así entiende que no las puede seguir en su famosa doble negación “No puedo no estar afligida”.

La mesura del coro, su consejo de que no busque el ojo por ojo, vengándose de su madre por el asesinato de su padre caen en saco roto. Mientras que otros personajes sanguinarios, o sociópatas, o perversos de la historia de la literatura tienen una moral o una lógica interna distinta del espectador, Electra es capaz de entender la lógica del coro, admitir que puede que haya algo incorrecto en lo que está sintiendo y aun así echar por tierra todo consejo de prudencia y echar a la piscina de la venganza.

“Soy consciente de mi cólera”

Esta admisión de la lógica del coro y su rechazo hacen de Electra un personaje tridimensional, y psicológicamente muy complejo. De alguna manera su seguridad resulta admirable.

25.7.10

Día 8: La devoción de Orestes por Pilades.

Antes de seguir con el personaje de Electra, he de irme por una de las múltiples ramas que me encuentro todos los días.
Esta rama se llama “El amor entre Orestes y Pilades”. Son ellos dos, con su llegada a Argos que dan comienzo a la Electra de Sófocles. Esa primera escena es una dialogo entre Orestes y el viejo pedagogo organizando los planes de venganza. Orestes le pide al viejo que vaya a palacio y anuncie la falsa muerte de Orestes en un accidente. Pilades, junto a Orestes en todo momento, es uno de esos misteriosos personajes de la tragedia griega que no hablan nunca, un personaje silencioso.

Pilades era hijo de la hermana de Agamenón, es decir, primo de Orestes. Su relación ha representado a lo largo de los siglos el amor fraternal.

Siempre encuentro referencias contradictorias y confusas sobre las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo en la Atenas y la Esparta clásicas. Es por ello que he pedido varios libros recientes sobre el tema en la biblioteca, ya que en las últimas décadas ha habido varias revisiones historicistas importantes que intentan ver este tema sin el prisma judeocristiano de por medio.

Uno de los muchos problemas que tenemos en entender la vida cotidiana de Atenas y otras ciudades estados del siglo V. a.C., es que los pocos textos que han sobrevivido son prescriptivos y no descriptivos. Es decir, que hablan de cómo las cosas deben ser, sobre todo en las relaciones interpersonales, y no cómo las cosas son, en la vida real.

Pero mientras espero esos libros y me educo de una vez por todas en los enigmas del amor griego, tengo que recrearme un poco en el romanticismo que yo encuentro en la relación entre Orestes y Pilades. La primera pista la encontré en el clásico de divulgación “Mitología” (1942) de Edith Hamilton, una gran clasicista americana, nacida en Alemania en 1867. En él, Hamilton explica eufemísticamente: “Los dos habían crecido juntos y eran devotos el uno del otro en una forma que va más allá de la típica amistad”.

Ya en Eurípides encuentro a estos dos personajes en la tragedia “Ifigenia en Tauris”. (Aquí los dos hablan). Ifigenia le pregunta a Orestes sobre su relación con Pilades:

IFIGENIA: ¿Sois hermanos?

ORESTES: No de sangre sino de amor.

Las representaciones clásicas, románticas y neoclásicas de estas dos figuras resaltan el componente homo-erótico de la relación.

En el llamado Grupo de San Ildenfonso, en el Museo del Prado de Madrid, encontramos la siguiente estatua del año 10 a.C. También incluyo un cuadro del Louvre de Francois Bouchot (1800 -1842).

Mañana, volvemos a Electra y su primera gran conversación con el coro.




Día 7: Los lamentos de Electra.

Llevo una semana a cuestas con Electra. Y, como era de esperar, cada día estoy más perdido. Lógico. Cuanto más sabemos, más cuenta nos damos de nuestra gran ignorancia. Los post-it temáticos se acumulan. Y no hay horas en el día para seguir todas las pistas, para leer y aprender todo lo que quisiera y, claro, menos todavía para escribir sobre los cabos que voy atando aquí y ahí. Es por ello que intento hacer las entradas al blog lo más sucintas posibles, breves recordatorios de ideas que tal vez pueda llegar a desarrollar más adelante.
El tema de hoy, los lamentos, o mejor dicho los alaridos de Electra, podría ser suficiente para escribir todo un libro.

Al parecer Sófocles, en su Electra, crea para su personaje principal una serie de gritos onomatopéyicos, que pudieran ser tanto de creación propia, como expresiones arcaicas de dolor. Mi traductora al inglés, la gran poeta Anne Carson, ha preferido dejarlas sin traducir. Estas expresiones entran en la métrica de los versos de Sófocles. Electra emite catorce alaridos distintos a lo largo de la obra. Y si uno intenta leerlos en voz alta, son escalofriantes.

Ya estamos en la primera escena de la Electra de Sófocles. Orestes ha llegado, con su inseparable amigo Pílades, al castillo donde su padre Agamenón fue asesinado por Clitemnestra. Mañana volveremos a esta primera escena, que termina, cuando dentro del palacio se oye la voz de Electra emitiendo este aterrador alarido de pena: “IO MOI MOI DYSTENOS”  (En otra traducción, aunque parezca mentira, viene como un simple “Ay, ay”. Es por ello que aplaudo a Anne Carson la valentía de no traducir lo intraducible.)

Son los gritos de Electra una de las cosas que más fascinó a Virginia Woolf de la obra de Sófocles:

“Su Electra se presenta ante nosotros como una figura tan atada de pies y manos que solo puede moverse un centímetro por aquí, un centímetro por allá. Pero cada uno de esos movimientos tiene que expresar lo máximo, porque al estar tan atada y sin tener el desahogo de poder insinuar, repetir, o sugerir, Electra no sería más que una muñeca encadenada. En su estado de crisis, sus palabras están desnudas; son meros gritos de desesperanza, deleite, odio… Son estos gritos que dan su punto de vista y delinean la obra entera.”

Hay una gran variedad de estos enigmáticos alaridos a lo largo de la obra: OIMOI MOI, TALAINA, OIMOI TALAINA, OTOTOTOTOTOI TO TOI.

Como dice Anne Carson, Sófocles no adjudica tanto dolor ni a su Filoctetes muriendo de gangrena en el pie, ni a su Hércules muriendo quemado en la hoguera.

Este gran comienzo de llanto trágico nos indica que estamos ante una sufridora sin parangón. Que lo que vamos a ver a continuación en Electra es un dolor mayor que el de Antígona por no poder enterrar a su hermano, que el de Medea porque Jasón le ha dejado por una princesita, o que el de Fedra por sentir un amor prohibido por su hijastro Hipólito.

“ IO MOI MOI DYSTENOS”

¿Es el dolor de Electra tan único y personal que Sófocles se vio obligado a crear un nuevo lenguaje para que el personaje pudiera expresarlo?
¿Es, en definitiva, el dolor existencial un sentimiento condenado a ser intraducible?

"OI MOI MOI"

23.7.10

Día 6: El temblor y el brillo de la existencia

En el aniversario del fallecimiento de un ser que se resiste todavía a cualquier apelativo, confirmo una vez más los consuelos de la literatura, y cómo los libros, y el arte en general, son los cables de cobre invisible que nos unen con el más allá. (El más allá en el sentido más amplio del cliché: el que desconocemos por descubrirse solo a la muerte, y también el que tenemos delante de nuestras narices y nos negamos a descubrir por pereza vital, temor o invalidez existencial).

El cable es esta ocasión Virginia Woolf. La gran partidaria de la habitación propia, que tanto le gustaba a mi amiga. Leo a Virginia Woolf en un Starbucks de Manhattan donde he tenido que crear de forma virtual una habitación propia para continuar mi venturosa búsqueda de Electra.

Fue en el tercer capítulo de su “Common Reader” donde Virginia Woolf articulaba a la perfección por qué continuamos regresando, una y otra vez, a estos enigmáticos textos clásicos griegos:

“Con el sonido del mar en sus oídos, viñedos, prados, riachuelos a su alrededor, los Griegos era más conscientes, incluso que nosotros, de la falta de piedad que tiene el destino. Hay una tristeza, en la espina dorsal de la vida que ellos ni se molestan en mitigar. Eran completamente conscientes de su lugar en la sombra, y al mismo tiempo estaban despiertos a cada temblor y brillo de la existencia; es ahí donde ellos perduran, y por ello acudimos a ellos cuando nos hartamos de la vaguedad, de la confusión, del Cristianismo y sus consuelos, de los tiempos que nos han tocado vivir.”

(Original en ingles: With the sound of the sea in their ears, vines, meadows, rivulets about them, they are even more aware than we are of a ruthless fate. There is a sadness at the back of life which they do not attempt to mitigate. Entirely aware of their own standing in the shadow, and yet alive to every tremor and gleam of existence, there they endure, and it is to the Greeks that we turn when we are sick of the vagueness, of the confusion, of the Christianity and its consolations, of our own age.)

En este mismo ensayo, Virginia Woolf analiza los enigmáticos gritos de Electra a lo largo de la obra de Sófocles. Pero este tema, importantísimo y difícil, lo tengo que aparcar hasta mañana.

Copio el link al artículo completo de Virginia Woolf.


Día 5: Interludio de cine

Recordaba vagamente una versión cinematográfica de Electra. Era en blanco y negro, con Irene Papas. Efectivamente, he encontrado la referencia, una película del año 62.  El primer fragmento está en youtube, con subtítulos en Español. Creo que está basada en la obra de Eurípides (y no la de Sófocles que yo estoy leyendo ahora).

Irene Papas fue la actriz que dijo: “Irene Papas nunca ha ganado un Oscar. Pero el Oscar tampoco ha ganado a Irene Papas.” Con razón que se la considera la gran actriz de cine de tragedia griega (interpretó no solo a Electra, sino también a su madre Climtenestra, a Helena de Troya y a Antígona.)

¡Cuánto trabajo queda!



22.7.10

Día 4: Agamenón es asesinado por su esposa

La llegada de comentarios positivos de colegas de todo el mundo me anima mucho y me indica que he encontrado a varios interlocutores que vivifican con su interés el fuego de esta pesquisa blogiana.

Con especial ilusión recibo el primer comentario (a la entrada del día 1) de una amiga del alma, que resulta ser una de mis blogeras favoritas de España: Beatriz Torres.

Me comenta su experiencia como espectadora de la “Orestiada” de Mario Gas:

“Hace un par de años vi la Orestiada de Mario Gas y me fascinó. Pensaba que iba a ser mas duro, mas lejano y me sorprendió la fuerza del montaje, la actualidad de los temas, la universalidad de los personajes.”

Yo me perdí este montaje, pero los elogios de Bea a esa trilogía me vienen como anillo al dedo. Es precisamente en esa primera obra de la trilogía de Esquilo que Agamenón, el padre de Oreste y Electra regresa de Troya a su casa (con Casandra como concubina).

Ya en palacio le recibe su esposa Clitemestra que durante su ausencia se ha casado con Egisto, primo de Agamenón. Mientras que Agamenón toma un baño, Clitemestra le asesina brutalmente en venganza por el hecho de que Agamenón hubiera sacrificado Ifigenia, hija de ambos, camino de Troya.

Incluyo un cuadro de la época romántica que ilustra el acontecimiento con Agamenón descansando en la cama.

El culebrón ya está a servido.

Pero antes de entrar a fondo en el personaje de Electra, me parece fundamental, dedicarle unos días a la figura de Clitemestra, una de las grandes y enigmáticas heroínas clásicas. Una mujer con una sed insaciable de venganza que añadirá fuego a la destrucción de la Casa de los Atreos.

21.7.10

Día 3: “Daddy Issues” (Agamenón, primera parte)

Los americanos usan esta tronchante expresión “Daddy Issues” , temas pendientes con papá, para hablar de las personas que se han quedado estancadas en asuntos relacionados con la figura paterna. Más allá del “Complejo de Electra” los “daddy issues” no conocen género, ni se circunscriben a las connotaciones represivo-sexuales de los complejos freudianos.

Chris, durante una pelea con un irritado vecino de mediana edad que estaba tomando una postura paternal y condescendiente con él, gritó: “Thank God, I got over my daddy issues.” (Gracias a Dios, ya he resuelto mis temas pendientes con mi padre). Hasta hoy me hace reír esa postura tan profunda del “Drunk Buddha”, mote que alguien le puso a Chris por su capacidad de dar en la diana filosófica en los momentos más inesperados y ebrios.

 
Y es que existen tantos hombre y mujeres con “daddy issues” como hombres y mujeres con “baby issues”. Estos últimos, como el vecino de pelo cano, que van por la vida de papá de todos.

 
(Post-it recordatorio: repasar la historia del regreso del hijo prodigo, un tema calado de “daddy” y “baby issues”)

 
(Post-it recordatorio 2: La carta al padre de Kafka. Daddy issues on acid)

 
Pero ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Hoy había que hablar de Agamenón, el daddy de Electra.

 
Parece ser que las tragedias griegas del siglo V (antes de Cristo) transcurren en un tiempo mitológico en el que los dioses formaban parte de la vida diaria de los humanos. Es una era que coincide con la misteriosa “Edad de Bronce” de la que sabemos muy poco, pero de la que los contemporáneos de Esquilo, Sófocles y Eurípides sabían todavía menos. Desconocimiento que les permitía elucubrar poéticamente sobre sus antepasados. Homero en su Ilíada y Odisea narró las desventuras de muchos de esos héroes y recreó los pormenores mitológicos del saqueo de Troya.

 
Uno de los muchos comienzos posibles de la saga de los Atreos, es la burrada que Agamenón cometió camino de Troya.

  1. Helena es raptada, o se da a la fuga, por/con París a Troya. Sí, Elena de Troya, la mujer más bella del mundo.
  2. Su marido Menelao y su cuñado Agamenón se aventuran a la empresa de ir a rescatarla a Troya (precipitando el saqueo/guerra de Troya)
  3. Camino de Troya, los viento juegan en contra de las tropas de Menelao y Agamenón. La diosa Artemisa pide a Agamenón que sacrifique a su hija Ifigenia para poner los vientos a su favor.
  4. Agamenón se debate entre su deber social (las tropas a su cargo camino de Troya) y su deber domestico (cuidar de su hija Ifigenia).
  5.  El deber político/religioso/social prima en Agamenón y éste sacrifica a su hija Ifigenia.

 
Así es como Agamenón optó por matar a su hija, hermana de Orestes y de nuestra querida Electra. Menudo papi.

 
Hoy recordamos la sangrienta muerte de Ifigenia con una ilustración pompeyana del siglo I antes de Cristo.

 

 

19.7.10

Día 2: Comienzo a leer la Electra de Sófocles.

Descubro que casi todas las obras de los tres grandes autores trágicos griegos del siglo V A.C. han desparecido. Solo existe un pequeño aperitivo de lo que fueron sus obras completas: Esquilo (nos han quedado 7 obras de un estimado de 70 a 80 obras), Sófocles (7 obras de 127), Eurípides (18 o 19 de más de 90).

Solo esas poquitas piezas nos quedan para entender una era indispensable, una época dorada en la que en realidad se formó el teatro, tal y como lo entendemos hasta hoy en día.

Qué suerte la mía, que sí han sobrevivido las versiones del personaje de Electra de estos tres grandes monstruos en tres obras: Las coéforas de Esquilo, Electra de Sófocles y la Electra de Eurípides.

Yo voy a empezar releyendo la Electra de Sófocles, en una edición en inglés de Anne Carson que me ha regalado mi amiga Mercedes Herrero por mi cumpleaños.

Al que se anime a ir leyendo le recomiendo esta edición de Alianza por 7,5 euros.

Electra pertenece a una de las grandes y sangrientas sagas de la antigüedad, la maldita Casa de Atreo (Sus miembros llamados Atridas o Atreides son los protagonistas de uno de los grandes culebrones de la historia) . Mañana, para preparar los antecedentes, voy a escribir un poco sobre la familia de Electra, empezando por los padres de la criatura Agamenón y Clitemnestra.

Día 1: Comienza la aventura

Carmen Martín Gaite nos dejó hace ahora diez años. Fue, y sigue siendo, una de nuestras grandes. El hilo conductor de su obra y su vida fue su insaciable “búsqueda del interlocutor”. Eso es lo que busco yo ahora: un coro de interlocutores, de argonautas, con los que viajar al encuentro de Electra.

Habrá reflexión, lectura, incluso nos reuniremos para trabajar cara a cara. Animamos a unirse a esta aventura a todos profesionales de cualquier disciplina de las artes plásticas y/o escénicas y, por supuesto, al público.

Las páginas de este blog están abiertas para que comentéis a lo largo del viaje. Además os animamos a que os subscribáis como “seguidores” del blog para estar al día de todas las actualizaciones virtuales y de las actividades paralelas que realicemos en el mundo real.

¡Gracias a todos!